Gandia

Entrando a Gandia por el norte, a lo lejos se divisa el campanario de la Colegiata (construida sobre una antigua mezquita y declarada Monumento Nacional, del siglo XVI), en pleno centro de la ciudad (plaça Major). En seguida nos encontramos rodeados por modernos edificios en sus largas avenidas y por las palmeras que adornan las aceras de algunas de estas (avenida de la República Argentina). La actividad comercial es muy ajetreada en sus calles, lo que es indicativo de su alto dinamismo. Sin embargo, puede que su mayor potencial sea su actividad turística, entre la que destaca su extensísima playa (más de un kilómetro de longitud sólo en la principal, la platja Nord), de arena fina y hasta 300 metros de ancho.

Pero no sólo destaca en la ciudad, 3ª en habitantes de la provincia de Valencia y 8ª en la Comunitat Valenciana, esa joya natural: el pico del Montdúver, cumbre de una montaña que alberga en su recorrido inigualables secretos naturales, serían la antítesis de Gandia para quien no goza (sólo) del turismo “de sol y playa”. Y aparte de los atractivos naturales, conviene destacar sus edificios emblemáticos, como el Palacio Ducal, la Universidad, una de las primeras de Europa, o el Hospital de Sant Marc. Es el legado de una historia marcada por sus grandiosidad: esta fue la cuna del Papa Borja, y a lo largo de los siglos ha destacado por su riqueza artística y cultural. Aquí nacieron Joanot Martorell, Roís de Corella y Ausiàs March, todos ellos grandes de la literatura catalana y universal. Este espíritu intenta mantenerse vivo con su frenética actividad cultural, entre la que tienen cabida certámenes literarios, una programación por parte del consistorio con representaciones a lo largo de todo el año en el municipalizado Teatre Serrano, los conciertos del Festival Internacional de Música Clasica y los cursos de verano de la Universitat d’Estiu.

Aunque las murallas de la ciudad se destruyeron, todavía es posible seguir su trazado, debidamente señalizado y del que todavía quedan restos en el interior de diferentes edificios, así como la torre del Baluard. No nos olvidemos del monasterio de Santa Clara, con su iglesia gótica que cuenta con una puerta románica. En el barrio de Beniopa, que fue población hasta los años cincuenta del siglo XX, se sitúa la ermita de Santa Ana. Adentrándonos en medio de campos de naranjos y dirigiéndonos hacia el sur, después de cruzar el río Serpis, nos podemos encontrar con la Torre dels Pares, unos de los mayores ejemplos de alquería medieval fortificada de toda la Comunitat, en proceso de rehabilitación y camino de convertirse en un hospedaje de lujo para los turistas más pudientes. Y muy cerca de ella, la balsa de Vivanco, con más de 250 años de antigüedad.

Tal vez sorprenda esta cara histórica de una ciudad muy conocida por el visitante de la Meseta por su fama turística, sobre todo familiar, gracias a su sol, su clima y su costa bañada por el Mediterráneo. No nos engañemos; quien busque eso sin duda lo encontrará, tanto el visitante más joven y marchoso en busca de fiesta, con sus pubs y discoteca, como el más tradicional o familiar, potenciado en los últimos tiempos con atracciones como corridas de toros o actuaciones de artistas de reconocida fama internacional. Pero Gandia es mucho más que eso, y el espacio se queda corto en nuestro portal turístico sobre la Comunitat Valenciana como para hacerle justicia.