Dénia

Dénia, ciudad turística de la Comunitat Valenciana

Desde épocas remotas, Dénia ha contado con numerosos atractivos que han captado la atención del turista. Supuestamente fundada por los griegos como Hemeroskópeion (“Atalaya diurna”), cuando ni siquiera existía la Comunitat Valenciana como tal, contó con un templo dedicado a la diosa Artemisa, la Diana de los romanos, y cuyo nombre tomaron para denominar a la ciudad, en cuya época tomó relevancia con el establecimiento de un centro naval. Sede episcopal en la época visigoda, contó con cuatro prelados entre el los años 636 y 696 y tuvo un gran esplendor bajo la dominación árabe, y finalmente fue conquistada por el capitan Carròs (que da nombre a un pueblo en la vecina comarca de La Safor). Condado bajo el reinado de Pedro el Ceremonioso, en 1612 fue declarada ciudad. En 1705 fue proclamado allí rey de Valencia el archiduque Carlos de Austria, por el que tomaron parte los valencianos en la desastrosa Guerra de Sucesión, y que terminaría con la victoria del aspirante Felipe de Borbón y con la abolición de los fueros de la Comunitat Valenciana y la desaparición, en la práctica, del antiguo Reino de Valencia. De su insigne pasado quedan un gran número de vestigios, como su majestuoso castillo (restaurado).

Dénia, situada en la costa y guardada por las montañas, goza de unas de las estadísticas de temperatura más estables a lo largo del año de toda la Comunitat Valenciana. Tradicionalmente pesquera y con un importante puerto, a día de hoy todavía se pueden adquirir los productos de su mar en la importante lonja del pescado. Igualmente, cuenta con una poderosa industria, que abarca desde la fabricación de loza y cerámica tradicional hasta la juguetería (con un peso muy importante en el total español, cuyo industria del sector es la segunda en importancia en Europa, sólo por detrás de Alemania), pasando por el trabajo del asparto, algo común al resto de La Marina Alta, la turística comarca en la que se encuentra situada esta población, y que hace las delicias de comercianes y turistas, sobre todo del norte de Europa.

Este es el punto de partida de la tan ansiada (para turistas ingleses, franceses y alemanes) Costa Blanca. Limita al norte con la Costa del Azahar. En sus aguas aún se pueden encontrar praderas de Posidonia, en el golfo que abarca desde el apéndice del cabo de la Nao o de San Antonio, coronado por el Montgó, hasta más al norte de la ciudad de Valencia. En su paisaje empezamos a dejar de ver naranjos para pasar a cultivos de secano, en especial los viñedos, que producen un exquisito fruto gracias a la fertilidad de su tierra arenisca. Cabe resaltar la calidad de su moscatel, con el que se obtienen pasas de exquisita calidad y muy apreciadas en la exportación, y que se utiliza también para fabricar el conocido y dulcísimo licor de moscatel o mistela, muy popular en toda la comarca y que alcanza su máximo exponente un poco más al sur, en la localidad de Xaló.

La ciudad fundada hace veinticinco siglos por griegos, o tal vez por los iberos, sigue hoy cautivando a visitantes, viajeros y turistas de todo el mundo y a miles de españoles de interior. No dejen de subir a la cima del Montó, en realidad un gigante que fue encantado por siete hechiceras griegas según la leyenda, y desde allí podrán contemplar las casas blancas que pueblan La Marina, las modernas urbanizaciones, los montes y peñascos, la inmensidad del Mediterráneo que se funde con el azul del cielo…